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Clima Organizacional: ¡Peligro! La negatividad es contagiosa

Por: Andrea Turchi. Consultora Organizacional

Aún los optimistas por naturaleza, aquellos que siempre llegan al trabajo con una sonrisa, disfrutan lo que hacen y tienen siempre una perspectiva positiva, suelen sucumbir cuando el clima organizacional se carga de negatividad.

A algunas personas no les gusta el trabajo que hacen, lo consideran poca cosa para sus habilidades, lo sienten como un sacrificio, lo sufren, lo soportan por obligación. Otros se enfrentan a jefes o a compañeros abusivos, poco responsables, ventajeros, despreciativos. Hay quienes desconfían del futuro de la empresa, ven que nadie se hace cargo del timón, e inseguros, temen perder el trabajo. Y están también los que se sienten injustamente tratados, no reconocidos, olvidados.

A veces estos empleados, atrapados en una relación conflictiva con el propio trabajo o con los participantes en el mismo, no manejan eficaz y congruentemente su comunicación. En lugar de plantear claramente lo que les pasa, hacer reclamos a quién corresponda y gestionar cambios, optan por quejarse, comentan insistentemente y fuera de contexto sus problemas, y pierden las ganas de trabajar. Es entonces cuando el clima comienza a ponerse denso, y se hace difícil respirar.

Niebla

En medio de esta niebla organizacional, caminar se vuelve complicado y es difícil y complejo sostener el rumbo y remar para avanzar. Esto es igual para los insatisfechos, como para los conformes y hasta para los neutrales.

Nada es claro, todo cae bajo sospecha, no se sabe en quien confiar. Se pierde la confianza y se diluye la posibilidad de trabajar en forma conjunta. Se cae fácilmente en la tentación de tomar partido y resulta dificilísimo recortarse solo porque se piensa distinto.

Telarañas

Las quejas, como laboriosas arañas de la negatividad, tejen su tela de incertidumbre y sospechas y atrapan en ella a todos.

A los que las dicen, porque una vez comentadas y repetidas mil veces, desdecirse es, en el mejor de los casos, reconocer un error, y en el peor, quedar como un vendido.
A los que las escuchan, porque aunque piensen distinto, el sonsonete sin pausa orada las creencias, instala dudas y obliga, según la decisión tomada, a preguntarse si uno es el equivocado y replantearse la propia opinión, o a cambiar de parecer.

A los que optan por no escucharlas o deciden que no les importa, porque sostener esa neutralidad va aislando, o peor, los convierte en presas codiciadas para los conversores fervientes, que los envolverán en su propaganda hasta el agotamiento.

Prender la luz

¿No hay un faro en este panorama negro?
Sí, aún cuando el interruptor para dar luz a situaciones así lo tienen quienes tienen alguna responsabilidad sobre el grupo, quienes lideran o supervisan a los empleados o aquellos que gestionan los procesos, es posible quebrar el ciclo vicioso de la negatividad desde cualquier puesto.

A través de acciones como estas:

• Transparentar la situación. Hablar de eso. Mandar un mensaje fuerte y claro diciendo que uno no se va a dejar atrapar en las redes de las quejas constantes y que está dispuesto a ayudar a solucionar los problemas.

• Autocontrolarse. Autoobservarse y reconocer en qué momentos, con quienes, a partir de qué situaciones, se dispara la propia negatividad. Si no se quiere contribuir con palabras, acciones o actitudes, es necesario reconocer cuándo se está en peligro de hacerlo para poder evitarlo.

• Instalar nuevos modos. Validar lo que el otro siente. Pedir el fundamento de los juicios y opiniones. No juzgar. No criticar. Comunicar claramente la propia visión sin intentar convencer. Apelar a ampliar la capacidad de percepción y comprensión de todos.

• Proponer algo diferente. Ayudar a quien se queja a transformar lo que expresa en un pedido. Sugerir se elaboren propuestas como alternativa a las críticas. Servir de canal para que lo que se ve mal, puede expresarse positivamente.

• Sumar participantes. Los climas organizacionales negativos se instalan por lo que unos hacen y otros no, pero la solución pasa por todos. En lugar de levantar vallas, dará mucho mejor resultado construir puentes. Si no son todos los que quieren hacerse cargo del tema, por lo menos que estén al tanto y reconozcan qué pasa.

• Perseverar. Nada es mágico. Cambiar el clima requiere concientización, toma de decisiones y desarrollo de acciones. Cualquiera de los pasos lleva tiempo. El lugar más fácil y único para comenzar, si se quiere enrolar a otros, es el del hacer, porque eso lo puede realizar uno mismo, mientras que los otros pasos se realizarán cuando, necesariamente, se involucren los demás. Y el hacer convoca mucho más que el decir.

Matar al dragón

La negatividad persistente es una enfermedad que afecta la cultura organizacional impactando en el ambiente laboral. Pero más que verla como una enfermedad, las posibilidades de gestión aumentan cuando se la considera un síntoma antes que un mal en sí mismo. Y se multiplican cuando se buscan, reconocen y opera sobre las causas organizacionales de este maligno problema.

Entre ellas, por ejemplo: Ausencia de dirección, liderazgo y sostén; cambios comunicados disfuncionalmente; excesiva carga de trabajo; poco reconocimiento; aburrimiento; pocas oportunidades de participación en la generación de ideas e incertidumbre con respecto al futuro de la organización.

Como resultado de relaciones, la negatividad se va construyendo, y es posible percibirla en los comentarios, las actitudes y las acciones de la gente. Un líder alerta, comprensivo y decidido, podrá cortarle la cabeza en cuanto nazca, sin causar males mayores.

Antídoto

Cuando todos los mensajes verbales y no verbales van en la misma dirección, o al menos, no se contradicen: se comunica congruencia, se percibe transparencia, se construye confianza. Si este modo de comunicación congruente se instala a nivel organizacional, aún cuando se presenten problemas, se discutan situaciones, se vivan crisis, la negatividad no prosperará.

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